Perdida pensando qué harás, paso noches enteras sin soñar; sentada, sufriendo, y tú no estás...

26.11.09

Acordar no recordar.



Hoy salió a dar un paseo largo. Pretendía que fuera largo, pero se le hizo demasiado largo. Tan largo que lo dio corto. Al terminar, recordó haber salido de su casa, pasar por la plaza, hablar con la otra mitad de su corazón, comprar tabaco, agradecerlo, comprar bebida, no agradecerla, y continuar la calle principal hasta torcer su casa. Pero hasta que no llegó, escribió y bebió, no se acordó de que no recordaba haber hecho una cosa. Era tan importante que debería acordarse mínimamente al recordarlo. Tan importante como es cruzar un paso de cebra. No se acordaba. No se acuerda. Pero tenía que haberlo hecho para llegar a su casa. Recordaba un poco poner los pies sobre el paso de peatones, pero ni mirar hacia los lados ni terminar de cruzarlo. Su recuerdo le llevaba a unos metros más adelante. Quién sabe, podría estar inconsciente y vivir todo esto como en un sueño, podría estar en coma y cuando despertase no recordar nada, o sólo recordar cruzar el paso de cebra. Podría estar soñando que esta tarde salió a dar una triste ronda y ahora está escribiendo. Podría soñar esta noche no despertar, y despertar en medio de dos líneas blancas. O podría haber acordado no recordar.


9.11.09

Julio Cortázar: "Rayuela, capítulo 7"



Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja. Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.


8.10.09

Perdo de Miguel: "Soledad"


Le fui a quitar el hilo rojo que tenía sobre el hombro, como una culebrita. Sonrió y puso la mano para recogerlo de la mía. Muchas gracias, me dijo, muy amable, de dónde es usted. Y comenzamos una conversación entretenida, llena de vericuetos y anécdotas exóticas, porque los dos habíamos viajado y sufrido mucho. Me despedí al rato, prometiendo saludarle la próxima vez que le viera, y si se terciaba tomarnos un café mientras continuábamos charlando.

No sé qué me movió a volver la cabeza, tan sólo unos pasos más allá. Se estaba colocando de nuevo, cuidadosamente, el hilo rojo sobre el hombro, sin duda para intentar capturar otra víctima que llenara durante unos minutos el amplio pozo de su soledad.


28.9.09

Oye tú! Vida!


Rapto a la vida y la siento en una silla para que me cuente la razón de su ida. ¿Por qué te marchaste? ¿Por qué me dejaste desprotegida y huíste? ¿A dónde? ¿A marte? No, fue porque... ¿Sabes que sin ti perdí el norte? No, fue donde... Responde, responde; o no, mejor déjalo que ronde para que esta noche no pueda dormitar, o vuélvete si quieres y déjame otra vez en una sola mitad, ya no me hieres, seguro que ya no me duele. Además espera, olvídalo todo, no te quedes cerca, puedo hacerlo de otro modo. Tengo algo mucho mejor para sustituirte, para que te vayas lejos sin dejarme cicatrices. Se trata de un corazón en marcha que juega sin razón hasta que el sol se apaga y amanece un nuevo día en el que las flores marchitas brillan con todas sus fuerzas desde su llegada a mi cabeza. Primero llegó a mi vida -a ti-, luego a mi cabeza, y como corriste sin más, hice lo posible para que se quedara en ella. Fue adentrando en todo mi cuerpo, y ahora ese corazón domina el mío, antes muerto; lo revivió, manejó y curó hasta hacerlo suyo. Ahora no digas que sigue siendo tuyo, porque me diste patadas y caí al suelo, duro y oscuro, del que avanzar ya puedo. Bórrame de ti, ve hacia otro cuerpo y déjame aquí, que no te miento y este corazón me cuida mejor que el viento.


20.9.09

La cama se quedó vacía.


Una niña soñaba continuamente con unos juguetes fantásticos y con un lugar muy especial donde aprovecharlos; que, para sólo una niña, hacían todo perfecto. Era todo lo que le hacía falta para ser feliz.

Ella estaba deseando durante todo el día que llegara el momento de cerrar sus preciosos ojos para vivir todo aquello. Incluso se ponía muy nerviosa; quería dormir en las horas de comer, en las horas de hacer sus tareas, en las horas de estar con su familia e incluso en las de jugar, pues sus juegos no llegaban ni a la punta de los zapatos a los de su sueño. Sus padres le reñían, intentaban hacerle entrar en razón, pero no le importaba lo más mínimo sus palabras. A pesar de tener lo suficiente para ser feliz, era muy triste, y el anhelo de ese sueño era lo único que la mantenía con ilusión.

Una noche terminó de cenar y fue corriendo a su habitación sin perder más tiempo. No había podido soñar durante los dos últimos días y no tenía un buen presentimiento de ello. Abrió la cama y se metió en ella rapidamente, sin desvestirse ni cambiarse de ropa. Cerró los ojos. Esperó y esperó pero, efectivamente, no podía dormir. Siguió esperando algo más de dos horas hasta que abrió los ojos. Empezó a llorar desesperadamente, después de haber dado muchas vueltas a unos cuantos planes para caer rendida. Entonces creía, por fin, que había encontrado una solución. Se hizo una bola, apretó los puños con todas sus fuerzas y cerró los ojos con ambición en un último intento. Percibió poco a poco lágrimas en sus mejillas. Percibió sus puños entreabriéndose. Percibió que su fuerza desvanecía. Y, de repente, apareció donde ella más quería. Pero esta vez era aún mejor; si antes era todo maravilloso, ahora era increíble. Ya podía disfrutar de su lugar tan especial. Ya podía exprimir sus fantásticos juguetes. Ya no podía abrir sus preciosos ojos nunca más.


10.9.09

Canteca de Macao: "Los hijos del hambre no tienen mañana"


Con la mirada perdida
en esos ojos de cuencas vacías,
se le notan las costillas,
debo vivir el día a día.

Y tú preocupado por cómo adelgazar
pensando todo el día en esos kilitos de más,
siéntate un ratito y ponte a pensar
en cómo viven y mueren los demás.

Para poder vivir debo arriesgarme a morir,
aún me queda la esperanza de poder salir de aquí,
navega mis ilusiones en un frío mar añil,
escapar de la pobreza por fin, por fin, por fin.

Y si merece la pena
cruzar en una patera
que va a naufragar
antes de llegar a Gibraltar.

Me asusta la pobreza; vete de aqui,
Nos quitas el trabajo y nos traes de fumar,
educamos a tus hijos para que roben el pan,
el día de mañana nos vas a gobernar.

Apaga el televisor y todo vuelve a ser real,
las cosas que has visto se te van a olvidar.
Guerras, hambre, precariedad,
calla tu conciencia y déjate llevar.

Entonces se apagan todas las luces del barrio,
y la gente duerme y no piensa
en los que pierden su vida a diario.



9.9.09

Mis sentidos van siempre contigo.


Soñé que mi mirada se perdía
sobre un manto de espinas
que cogía con mis manos
y lo abrazaba a mi cuerpo,
para que cada suave tallo
pusiera mi mente en blanco.

Aguanté las ganas que mi mente
pedía por encontrar tu alma;
quería ir con ella, agarrarla,
seguir el camino hasta tu cama,
no encontrarse, sino en tu casa
y no rendirse, una vez bajo tu sábana.

Oía sus gritos, los de mis cuerdas vocales,
como las de un grillo sin terminar sus rituales
rogando la vida junto a tu vida, sin achaques,
buscando tu aroma alrededor del parque
tan acostumbrados a permanecer sin tus labios,
los incansables labios por buscar descanso.

Entretanto, una noche fría

en la que notaba
que nuestra llama ardía
en la que rogaba
que tu cuerpo pidiera
cada trozo de vida
que el sueño dejaba
olvidado en la hierba.