15.4.15

Ceiling



Te levantas una mañana y las escaleras duelen. A lo mejor quieres decirle a la pared que las escaleras duelen, pero no quieres que las paredes se enteren y te da igual lo que el suelo piense sobre ello. Sólo quieres que lo sepa, pero sin decirlo. Así que dejas la pared a un lado, y subes y bajas las escaleras sin parar hasta que deje de doler. En un rato te acercas al suelo y le susurras: las escaleras siguen doliendo. Más tarde y, después de pensarlo mucho y acabar sin haberlo pensado lo suficiente, miras a la pared y le gritas: ¡duele!
¿Qué duele? Te responderá ella. Entonces suspirarás que la casa entera duele. Porque a ti no te hace falta un sustantivo al que adjudicar el dolor, pero algunos lo exigen. Está bien, nos adentraremos en una descripción de la escalera sin decir “escalera”, así que dolerá aún más de lo que pensabas.
Y lo cierto es que la escalera necesita un suelo y una pared para tener sentido. Pero qué va a decir un techo.


10.4.15

Pinos



Dos libros vacíos, sin letras, con un montón de hojas blancas… que se encuentran y de pronto sienten que tienen miles de historias increíbles que contar. Y además con la necesidad de hacerlo. Así que así lo hacen o, al menos, lo intentan. Jamás se han visto dos libros vacíos tan felices. Enlazando sus hojas, vistiéndose de letras, mirándose fijamente de palabra a palabra. De qué manera se aman esta cantidad de páginas que contienen vida de origen en la naturaleza, quién sabe dónde… ¿un pino? Naturaleza que da sentido y hace posible estas leyendas.

Todo es perfecto, hasta que se van topando con miles de piedras: ellos mismos. Empiezan tropezando porque tienen caligrafías diferentes y después no dejan de caer. Pasan por discrepancias tales como el color de sus sangres; que si negra o azul, que hoy me apetece áspera y mañana suave, que roja o verde, yo quiero que la aguja que nos atraviesa la piel sea gruesa y tú delgada, larga o corta. Que si la corteza, la ropa, ¿de qué textura? Así tengo frío, pues yo tengo mucho calor. Cualquiera se pone de acuerdo así. Pero, aunque no pueden parar la caída, se tienen el uno al otro. Y a ver qué es más importante; si caer acompañado a ningún lugar −y quizás a todos los lugares− o andar vacío, solitario y lleno de polvo por las estanterías. Lo saben, nunca terminarían con ello. Después de la vida y el descubrir respirar que se habían dado, no podían ni querían tampoco continuar el uno sin el otro. Optaron por reciclarse. Matarse, autodestruirse para poder volver a nacer. Y revivieron de nuevo, inseparables, siendo un solo libro; esta vez con todas sus páginas cubiertas, con una caligrafía preciosa, con el mejor vocabulario nadando por él… con la más bonita de las historias que contar acariciando tus dedos.


17.1.13

Pudo



Vaya manera de temblarle a la vida. De dejar que me aplaste con intenciones que chocan contra la pared. Sin permiso alguno ni tiempo para coger carrerilla y respirar. Que tu imagen en blanco y negro brilla en la oscuridad, en la de la sombra gris de los recuerdos nunca escritos, siempre en una memoria de usar y tirar. Deja que mi mirada estire la realidad y te vea a razón de como fue, pero jamás dejes que te vea tal como todo es ahora. El ahora que aplasta las manecillas del reloj y quita vida a tiempo de rayar las horas.


2.9.12

Bicotomía.



Ésto iba a ser lo que se llama una carta. Una carta para ti. ¿Pero sabes qué? Es demasiado poco personal. No quiero decirte otra cosa que no sea sobre lo que me hace latir día a día o lo que me aprieta la aorta. Decirte que el granizado de limón no me gusta, salvo cuando me duele la cabeza. Sí, bueno, ya sabes, como un método para martirizarme aún más. Y lo suave que está la ruedecita del ratón, ¿eh? Dan ganas de dormir acurrucada a ella. Que la oscuridad me inspira. Cuando enciendo la luz para apuntarlo todo, huye volando. Me gusta llevar los cordones sin atar, metidos por dentro de las zapatillas. Es libertad, desorden. Algo que no me define pero quiero que lo haga. ¿Y qué me dices de los bolis BIC? Nadie puede decir que no son los más cómodos. Yo sí he gastado un boli BIC. De hecho he gastado barbaridades de bolis BIC. Mucha de la culpa la tienen estos folios, sobre los que intento escribirte. Pero su pobre tinta pocas veces se ha quedado fuera de mi rango vital. Mis ojos, mis pulmones, mi piel; formados por una paleta de color azul BIC. Podría ser algo que decirte, sí, pero casi mejor que lo dejo aquí, en mi bicárea, asegurándome de que no lo leerás jamás.


7.5.12

Bocle



Fumando un cigarro espero la vida a que llegue a mi parada. Fumar, pensar. El humo te lleva a una maraña de redes que marca su camino quemando partículas del aire, al igual que los pensamientos recorren trenzando las neuronas.

No es tristeza, no es amor, no es incomodidad. Tampoco estoy segura de poder sentir emociones fuertes. Ni hambre, ni sed, ni ganas. Lo que sí padezco es de mareos, dolor, frío, calor. Es un bucle sin sentido, sin razón aparente, en el que no sabes si tienes o no tienes. Lo mismo tu percepción te da la cara que te da la espalda; y entonces estás triste, enamorada, incómoda, hambrienta, sedienta, con ganas de desgarrar el cielo, las nubes, tus piernas.

No necesito salir de mi habitación para no sentirme atrapada. Sólo necesito que me quites un horizonte en el que perder mi mirada para destrozarme la vida. Mi cuerpo es el que necesita respirar, mi mente no ha parado en ningún momento. Los tengo perfectamente separados pero, de vez en cuando, la sincronización entre ambos me falla y hablan. Uno le dice al otro que no hay mar sin tierra, otro que no hay cielo sin estrellas. Sin consultarme entran en un profundo debate sobre la existencia y supervivencia que me es imposible controlar hasta que uno de los dos cae rendido. Igual, existe un maravilloso paralelismo con la mente y el alma. El alma tendrá pocas razones, la mente todas. El alma siempre saldrá perdiendo, gane o no. La mente puede ganar o perder, pero el alma de la mente siempre vencerá. Por el contrario, la mente del alma siempre saldrá vencida porque no le dejamos que salga a la luz, no le permitimos un atisbo de existencia.

Y así fue cómo entre ellos se agruparon por parejas y decidieron marcar el sentido de la vida. Acompañados, para sumar sus fuerzas; enfrentados, para poco a poco hacerse más fuertes.

Pero el humo nunca vuelve al cigarrillo.


8.1.12

El centro.




Soy quien no digo ser. Enamorado de quien muestra lo que es. En el lugar donde la mayoría de la gente quisiera estar. Entre las tinieblas. No las típicas tinieblas, entre las sombras de los que saben y no saben actuar, de quien le sale natural ser uno mismo. Y observo a quién se le da mejor, quién miente. Ellos ven cara a cara, yo a los lados con sus perfiles, ninguno lo que hay en el centro. ¿Qué hay? Negro. No sólo negro, sino todos los colores. Todos los colores se ven reflejados en el negro, demasiado peligroso. Especial por su textura, como el cristal. Igual o más frágil, y triste. Como la oscuridad rodeando la luna o la luna hundiéndose en la oscuridad. Pero… quién sabe, el centro no se ve.



29.10.11

Como cuando...



Entras al cine después de mucho tiempo y piensas que el sonido está demasiado alto, te retumban los oídos, tu cuerpo vibra y tu corazón se acelera al compás de las escenas voluminosas o despampanantes, teniendo la necesidad de ponerte el cinturón de seguridad. Ida a otro mundo en un oscuro viaje. Y vuelta en un claro silencio efímero. Una mezcla de comodidad e incomodidad maravillosamente embriagadora.

En ese momento se llena tu pecho.

Te tumbas en la cama pensando que te pesa demasiado o que te duele y necesitas algo donde aplastarlo y sentir, o dejar de sentir, que se va a separar de ti en cualquier momento. La música entra dentro y se apodera de tu cuerpo, se complementa con el oxígeno de tus pulmones y forman un perfecto torbellino que espirarás y aspirarás una y otra vez con todas tus fuerzas como nunca lo has hecho.

Brillantes notas agrupan en un estrepidante ritmo muy de vez en cuando tus latidos con ese fotograma y esa banda sonora inolvidables.


22.9.11

Efecto nimbóptico.



Aquel que carece de triunfo, que no conoce la suerte, que sólo ha oído "conseguir" alrededor del círculo pero no dentro de él. Aprendió a esforzarse, seguir adelante, hasta que una vez lo dio todo y lo perdió. Poco a poco, lentamente y sin darse cuenta. Pasaban los días, la vida, pero no cambiaba nada. No podía hacer que cambiara porque seguía sin entender el significado de por qué el círculo estaba negro. Por qué nadie podía entrar en él o por qué le nublaba las oportunidades. Nubes, sólo podía sentir nubes oscuras. Temblando veía un cielo claro y bonito, precioso, al que acarició con su cuerpo; aunque ahora parecía no estar bajo él, sólo lo contemplaba lejano en un ínfimo punto... Sabía que existía, como los rayos de luz que esperaba cualquier día que llamaran a su puerta y dejara de cegar su vida con tinieblas para cegarlo con el sol. Que ciego igual, pero lleno de vida.


14.9.11

Solosol, el exterior de la vida.



Igual puedes pensar que el mar espera ansioso la puesta de sol para reencontrarse cada día con él, lo esconde recubriéndolo con un manto de oscuridad, uniendo el estrellado con el brusco oleaje opaco, y lo despide cada madrugada enfadado. Pero la luna observa noche tras noche su visita, deseando moverse del sitio y formar parte de sus juegos nocturnos. En secreto se siente como el mar, sin poder desplazarse; y a su vez despechada por el sol. Aunque sus labios y sus ojos no pueden evitar derrochar una demoledora fachada...

Lástima que sea únicamente un sueño del Sol, o una ilusión, al ver a la Luna juguetear alrededor de la Tierra, recorriendo mares, océanos, hielos y porciones pequeñas de polvo. Igual que compiten Fobos y Deimos de Marte, Ío o Calisto de Júpiter, Umbriel de Urano, Tritos de Neptuno y Caronte de Plutón. Al mismo tiempo, todos ellos se revuelven alrededor del Sol, pero no se divierten con él, sino entre ellos. Ahora él  se siente despreciado, utilizado y despreciado, porque no se puede mover y girar con los demás. Pero más que eso, solo, se siente solo; aunque rostro nunca mostrará.



24.8.11

Estuntiner



Existe un momento especial: ya basta, te sitúas para levantarte pero te quedas quieta, con el cuerpo muerto. A punto de ponerte en acción de todas las cosas que tienes en mente, mirando a un punto fijo. A veces encorvada, con la boca abierta o los ojos muy abiertos pero pesados. Justo, justo en ese instante me gustaría ser otra persona y ponerme enfrente de mí para darme una hostia bien grande o una patada en toda la cara. Y entonces te das cuenta de que no eres feliz. O dejas de darte cuenta de lo feliz que eres.


10.7.11

Frío, caliente...



No sé si será por la falta de descanso o de comer, por lo que llevo bebiendo dos días, por el agotamiento físico y mental o por la muerte que me rodea; pero no me eres imprescindible como creía. Vivir la falta de vida, la incredulidad, el dolor plasmado en lágrimas y gritos, los consuelos, los sollozos, la preocupación, el fin… ni siquiera me ha hecho pensar en ti, cuando estos momentos te hacen pensar en la gente que más quieres. Veo punzado en mi mente todos esos ojos rojos, los labios intentando mantenerse tapiados, la garganta llena de angustia, las manos temblorosas apretando con todas sus fuerzas un pañuelo, ataques de ansiedad y de ira, bocas besando una piel blanca y helada; y sí que pienso en ti, pero ya es tarde. No lo hice en el momento, sino fríamente. Y ahora que te pienso, creo que debo seguir bebiendo.


7.6.11

Hielo translúcido.



¿Has visto alguna vez una cortina morir? Yo tampoco. Es porque ya están muertas. Colgadas, dejando su peso caer, con el alma en vilo, sufriendo el tiempo. Puede que no, no estén del todo muertas, sólo congeladas. Viendo la vida pasar, desvanecer; deseando que pases cerca y acaricies su piel para hacerle sentir que sólo está helada en aquel lugar.


20.4.11

Conversión ineludible.



Tiene piel de monstruo, corteza de escorpión, alma rebelde... Se levanta cuando el sol se pone y la luna se esconde como una quimera, y adquiere sus cualidades a lo largo de su vida: ojos grises de gato al acecho con pupilas blancas, plumas de erizo erizado, papilas de alquitrán, garras de nicotina, hocico mocosonoro, trasero esperpéntico y pies afilados. Encantador, más veces desencantador de ilusiones, quieto. Aparece, desaparece, vuelve, espira cactus, resoluciona.

Una cáscara de cristal a la que no te puedes acercar; pero si fuese posible, apoyaría mis manos en él, alrededor de mi cara, para que no reflejase en el punzado vidrio al intentar ver qué entra y sale de su maldito interior. Y, sobre todo, con la cabeza apoyada en su pecho y mis brazos rodeando su cintura, le suplicaría que parase de agarrar los suspiros nada más salir de mi garganta para retorcerlos con el fin de convertirlos en sollozos.

Hasta que mi verde deje de sobrellevarlo para verlo en el espejo.


17.3.11

La conciencia de mi subconsciente.




Un universo paralelo es donde no se pierde el tiempo, no hay amor, no hay sufrimiento por uno mismo. Miro por la ventana pasar las horas pensando en la dualidad, el ser humano o la fragilidad, sin saber el tiempo que pasa, pudiendo absorber mi perdida mente en una idea eligiendo tú el momento o el lugar. Nunca más con amor, porque el replanteamiento de aquel verdadero fusila cualquier futuro. Sin dolor por mis heridas y un cero absoluto en empatía real, pero totalmente involucrada en las historias cortas y ficticias por conservar el sentimiento, el pensamiento y la relación hacia el individuo.

¿Que cómo se llama? Es frialdad, independencia, corte de respiración, especulación, distracción, resentimiento, doble vida. Genialidad.


2.3.11

¿Buenas?


Buenas tardes por la mañana, buenas noches por la tarde y buenos días por la noche.



9.12.10

Diálogo de su homóloga.



―Qué ocurre, criatura nocturna.

―No, ¿¡qué pasa contigo!?

―Dime a qué quieres que te responda.

―Por qué mi cuerpo... por qué mis ojos.

―Tú sabes cómo pararlo.

―Hay varias maneras, ¿cuál es la correcta?

―La que al final decidas.

―No quiero acabar, lo prometí.

―No acabes.

―Está terminando conmigo. O quizá terminó hace ya.

―Tú qué crees.

―La esperanza es lo último que se pierde.

―Al menos tú no has terminado, puedes volverlo a empezar.

―Pero el dolor es increíblemente insoportable...

―U olvídate y no tengas meta que alcanzar por las mañanas.


Perdida pensando qué harás, paso noches enteras sin soñar; sentada, sufriendo, y tú no estás...